Orígenes del barrio Huerta Otea

El comienzo del año 2010 nos trajo una grata sorpresa, se recibió una carta en la que se nos explicaba, con todo lujo de detalles, a que se debía el nombre de “Huerta Otea” con el que se conoce nuestro barrio.

Os enseñamos la carta original como llegó, escrita a mano,  y una transcripción del texto que la acompañaba en el que podemos leer toda la explicación sobre los orígenes del barrio.

NO MORIRÁS HUERTA OTEA

Ahora que el Plan General de Urbanismo y el progreso están a punto de engullir a la vieja Huerta Otea, ésta, como el Ave Fénix, resurgirá de sus cenizas en una explosión de nueva vida como una madre que muere al dar a luz a sus hijos.

Tu nombre literario y airoso ‑ Atalaya o Mirador ‑ no quedará en el olvido, pues ya lo llevan: una hermosa zona residencial que se mira en el río Tormes, un parque y un jardín botánico bajo el puente de la Universidad, una calle en San Bernardo (antiguo camino por el que se iba a la huerta) la primera depuradora de aguas residuales (hoy parque logístico para camiones de limpieza) y hasta el autobús número 13 lleva tu nombre.

Seguramente muchos de los residentes de esa zona se preguntarán ¿De dónde viene ese nombre? ¿Tan importante ha sido esa Huerta Otea como para que su nombre se repita en tantos sitios?

¡Pues si!

Si alguien se toma la molestia de caminar unos metros más abajo del nuevo barrio, siguiendo el río Tormes y frente a Tejares se topará de frente con la auténtica, la dos veces centenaria Huerta Otea, cuyo camino ya figuraba en los planos de Salamanca del año 1858 y que partía hacia el oeste de la Avenida de Villamayor, pasando por Salas Pombo, bajaba por la central eléctrica, Campus Universitario, Fuente de la Zagalona, Barrio del Castigo, y terminaba en la Huerta Otea, una finca con gran casona de labranza de anchos muros de piedra, altos techos de madera, corrales, cuadras, establos y una tierra de cultivo de lo mejor de Salamanca.

Esta finca pertenecía a la más alta nobleza española: Don Agustín Maldonado y Carvajal, Marqués de Castellanos y de Monroy, que vivía en el Palacio de Tejares. A su muerte, la heredó su sobrino Don Agustín Aranguren y Maldonado, Conde de Monterrón, quien se la dejó a su esposa, la Excma. Sra. Ana María de Palacio y de Velasco, Condesa de Monterrón.

Allá por el año 1928 repican alegres las campanas de la Catedral. Los curiosos se agolpan a sus puertas: Se celebra una rumbosa boda entre Emilio Motos, hijo de Rafael el rey de los gitanos y una joven “paya” que vivía en Huerta Otea (Cristina Rodríguez) a pesar de la oposición de su familia que no asistió a la boda. Aquella novia hoy tiene ciento cinco años y aún recuerda su azaroso noviazgo y lo feliz que fue junto a su esposo e hijos.

En 1942 la Excma. Sra. Condesa de Monterrón vende la Huerta Otea a su rentero, Don Valentín Carrasco Cano, un arriesgado serrano que trabajó duro junto a su esposa para arrancarle a esa tierra los frutos más frondosos y tempranos del mercado, llegando a tener gran fama en Salamanca, así como la familia de los Carrasco, que por ella se instalaron aquí.

Los invernaderos, la tecnología y el progreso la convirtieron parte en una depuradora y parte de una frondosa chopera de mil quinientos árboles y hoy en día ya ni eso, pero aún así su nombre perdurará para siempre.

Gracias por nuestra historia

Desde la Asociación de Vecinos queremos dar las gracias a Lali por este relato, por este trocito de historia que nos ayuda a conocer los orígenes de nuestro barrio.

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